viernes, 15 de diciembre de 2017

Jerusalén 27- Experiencias del desierto 3

Yo a cuenta del miedo que le tengo al calorón estuve a punto de renunciar la excursión por el desierto de Judea. Estoy muy contento de haber ido, a pesar de todo: fue una experiencia inolvidable saber que el desierto es un lugar para no estar en él. Ahora, en Adviento, cada vez que aparece san Juan Bautista, mi admiración por él crece. Me sorprendía siempre mucho la importancia que tenía en los Evangelios: ahora no tengo ninguna duda. San Juan, la caña cascada en el desierto, es el signo de los signos, el signo que señala a Cristo.

Nos acercamos al Jordán, un río ridículo si no fuera por tanto en significación que lleva encima. Había unos indios bautizando a una. El calor era inenarrable, así que verlos a todos metidos dentro daba hasta envidia. En la otra orilla, Jordania, donde están todos los lugares importantes que recuerdan a san Juan y al Bautismo del Señor, porque el hecho es que todo ocurrió en la otra orilla, a unos metros, pero tan lejos en realidad.



Y para redondear el día, Jericó, en territorio palestino. La ciudad era fea como un demonio. Hacía un calor (me repito, ya lo sé) increíble, increíble. Nos acercamos primero a un sitio en el que se veía a media ladera un monasterio ortodoxo:


Lo llaman el monte de las tentaciones: whatever!
Había un tenderete que vendía zumo de granadas, un camello. So what!.

De ahí a las excavaciones de un Tell. Yo supliqué no salir del microbús: hubo que salir. Eran las tres de la tarde calorón y polvo. Yo en esas circunstancias, ni hubiera visto el Partenón, pero el hecho es que estábamos ante uno de los restos más antiguos de la historia de la humanidad. Aquí estaban los muros que cayeron ante los israelitas que venían del éxodo. Al menos hice una foto:


En el colegio de los franciscanos, de lo poco cristiano que hay allí tuvimos Misa. Era una capilla muy fea, pero en los ventanales estaba representado el episodio del ciego Bartimeo, el de Zaqueo y el Buen Pastor: no es poco.



Al irnos, pasamos por segunda vez ante un sicómoro. la primera no quisimos bajar, esta de vuelta alguien bajó a hacer una foto. Es al menos parecido ¿al? árbol al que se subió Zaqueo y desde el que habló con Cristo. Me alegró mucho ver cómo son, yo hasta ese momento lo que tenía de Zaqueo era una imagen de un dibujo de una Biblia infantil que nada tenía que ver con los sicómoros:

jueves, 14 de diciembre de 2017

Jerusalén 26 - Experiencias del desierto 2 - Masada

Salimos, decía, de Jerusalén a primera hora, muy temprano, para estar en Masada pronto, porque a partir de las diez de la mañana aquello es un horno.
En el camino pasamos al lado de Engadi (Racimo de flores de alheña en las viñas de Engadi / Es para mí mi amado, dice el Cantar de los Cantares, 1.14) y costaba siquiera plantearse que por allí pudiera crecer nada, no digo ya viñas.
Enfrente veíamos el mar Muerto, tremendo azul metálico y el grado cero de la luna en la tierra.
También nos señalaron por allí las cuevas de Qunran. Era todo muy interesante desde el microbús, con el aire acondicionado puesto.

Masada yo no sabía si me iba a interesar, pero sí, que impresionante fue. Es un must, esa meseta aislada en un monte elevado, un lugar desde donde hacer la defensa numantina que acabó como todas las defensas numantinas, como el rosario de la Aurora.

Se subía por un funicular muy chulo, En esta foto se ve el camino en zigzag (el «camino de serpiente»), que ya estaba prohibido a las nueve de la mañana, por peligro de muerte por insolación para el que lo intentara seguir:


Incluso ahora me agobia ver esas vistas de la sequedad absoluta


Los dos caminos enmarcan el triángulo de la rampa por la que entraron los romanos:


En un extremo se abría al desierto y al Mar Muerto en terrazas. A la mitad estaba el palacio de Herodes:


Mis fotos no le hacen justicia ni de lejos al sitio, así que tiro de wikipedia:

Aquí veis bien los palacios de Herodes:


Y aquí la rampa romana de tierra se ve de maravilla:


Esta otra foto tampoco es manca:


Y esta:

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Jerusalén 25 - Experiencia del desierto 1

Ahora que están los días tan oscuros (y no me quejo, eh, que tiene que llover*) es hasta entretenido pensar en la excursión que hicimos desde Jerusalén al desierto de Judea.
Os voy a contar mi experiencia del desierto: salimos del microbús en Masada a las 9 de la mañana y ya hacía un calor respetable. Arriba, por las excavaciones, íbamos como en un película de guerra: corriendo de sombra en sombra.
Mi admiración por san Juan Bautista ha crecido exponencialmente: vivir en ese desierto es un signo tan grande que me deja absolutamente sin palabras.
Lo más tremendo fue cuando nos acercamos al Jordán, por un camino alambrado para evitar las zonas de minas de los antiguos ocupantes jordanos. Eran las tres de la tarde y el sol caía a plomo como nunca he notado yo caer a plomo el sol. Era un brillo cegador, como que estuvieras metido en una bañera hirviendo y rodeado de focos. Pues ahí estaba san Juan, un signo más cegador que el sol aquel día.
Comimos junto al Mar Muerto y ni se me pasó por la cabeza ir a bañarme. Nos contaron que la sensación era como la de una croqueta friéndose en un baño de aceite y así quién se anima. Así que no sé qué se siente flotando en el agua salada.
En Jericó nos llevaron a ver el Tell que han excavado y tiene estratos de hace 11000 años: lo mismo me dio. Yo quería volver al microbús a refugiarme de aquel calorón.
Así que cuando oigo lo de «hacer la experiencia del desierto» pienso: yo ya la he hecho y no.

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*Aprovecho para explicar que no estoy "en contra del cambio climático", como me habéis dicho algunos ("porque tú, como estás en contra del cambio climático" y puntos suspensivos). Yo estoy a favor de lo que digan los datos. Si ahora hace una temperatura media más alta que hace diez años, así será. Otra cosa es que crea que eso es debido a la acción humana; ahí me refugio en un (creo que saludable) escepticismo: y si vienen Gore, Obama y Macron a convencerme de lo contrario, mejor que se busquen a alguien que me merezca un mínimo de confianza. Al menos no estoy muy a favor de que se gaste dinero en eso: que lo den para promoción la salida de la pobreza en África y Asia y luego que me cuenten.

martes, 12 de diciembre de 2017

Jerusalén 24 - Arquitectura real

De lo poco que queda de la arquitectura de los reyes de Israel, estos capiteles tan curiosos


Y más que real es imperial, pero esta lápida monumental romana, de un arco triunfal en honor de Adriano del 136 d. C., presumiblemente para conmemorar la derrota del levantamiento de Bar Kojba (la última rebelión judía), es de una grandeza indudable, al menos en cuanto a lo tipográfico (literalmente «tipográfico» es «escrito a golpes», así que para una lápida de piedra vale):

lunes, 11 de diciembre de 2017

A Corrubedo y vuelta

Me ofrecí a darles una vuelta por los alrededores, dejando la tarde para  la Catedral, a unos amigos que estaban aquí de puente. Como son de la Meseta, tiré hacia el mar. Salimos primero a ver la fachada de la Iglesia de la Esclavitud, cerca de Padrón, copiada de la del Obradoiro en pobre, pura falta de armonía, "popular", es decir: sin pericia pero con ambición.
Poco después, en la Colegiata de Iria Flavia, con torre a lo azteca copiada de la del Claustro de la Catedral, nos paramos en la portada, una Adoración de los Reyes Magos como otras que se repiten hasta la saciedad por Santiago (y que yo me encargué, inmisericorde -como hago siempre- de señalarles, sin perdonar una): la Virgen con el Niño, dos ángeles incensando arriba, los Reyes Magos. Normalmente aparece en el otro lado san José y, más en pequeño, el donante. Pero aquí aparecen dos figuras de la derecha ¿quizá una Anunciación?



Cruzada la ría, nos desviamos a las torres de Oeste en Catoira, que defendían la desembocadura del Ulla. Fue un paseo muy bonito por las pasarelas y sobre junqueras que crecían sobre un suelo de color marrón oscuro, como de turba. Las torres tienen gran prestancia y hasta yo me podía imaginar a defensores subidos a salvar toda la comarca de Santiago de las razzias vikingas.


[La foto de arriba, de wikipedia]



Al fondo se vislumbraba el nuevo viaducto del AVE.

Luego se torció la cosa porque quise subir a la Curota y la niebla ni nos dejó ver la ría de Arosa ni a los caballos sueltos por allí. De allí, al dolmen de Axeitos:

Era un día de lluvias intermitentes y justo en aquel momento hubo un poco más de luz, que hacía el espacio entre los robles especialmente bonito. No sé si eran las hojas amarilleando, el propio dolmen o la hierba. La pena es que yo sólo le hice una foto a la piedra de arriba, sostenida por tres puntos.

En Corrubedo fuimos caminando hacia la duna por una pasarela. La vegetación aquí no era de juncos, era de plantas forzadas, correosas. Cada ciertos metros había lirios, como en la lectura de Isaias de la misa de hoy (exultet solitudo et floreat quasi lilium).

Nos acercamos al faro de Corruibedo y luego enfilamos al otro lado de la península del Barbanza. Os pongo mapa, para situarnos:



El castro de Baroña le pilla a todo el mundo por sorpresa: es muy impresionante verlo desde lejos. Cruzamos un bosquecillo de pinos carbonizados por el fuego que parecían zanahorias tostadas: naranjas por dentro, negros por fuera. El mar estaba muy bonito, no muy bravo, gris elegante. Han excavado más y se ve ahora una muralla exterior y destaca mejor la entrada monumental y los círculos de piedra del castro.

Nos pilló la hora de comer en Noia. Vimos la fachada de san Martín y luego nos fijamos en ese capitel de dos aves, una picoteando el cuello a la otra:



En esta portada está la variante sin Reyes Magos pero con donante (obispo) a la izquierda:


Comimos extreaordinariamente bien en el restaurante Forno de Noia.

viernes, 8 de diciembre de 2017

En la National Gallery de Londres 1

De Oxford me fui a Londres, de cabeza a la National Gallery y en concreto al ala Sainsbury (son los dueños de unos supermercados los que pagaron esa ampliación y pusieron su nombre, como si el Prado crease un ala Mercadena, parecido) porque ahí están todos los italianos. Y empecé sistemáticamente, con mi audioguía, que me ayudaba a estar al menos dos minutos en cada cuadro.

En esta fiesta de la Virgen empiezo el repaso por el principio, que allí partía de Duccio, el sienés. Soy un poco romo en esto del arte, pero veo clarísimo ya lo que une el arte bizantino a Italia. Aquí este tríptico con santo Domingo y santa Áurea es un prodigio y el inicio de muchas cosas, estando en una línea de tradición de cientos de años.


[pero miradla en todos sus detalles, ampliando, en la web del Museo y luego leed los detalles de este altar portátil en el Catálogo]



Es de gran delicadeza el juego de miradas:


Esto lo pongo en grande: patriarcas y profetas (Isaías, Abrahán, Moisés, Jacob, Daniel). En el medio, el rey David, aunque casi parece el emperador Teodosio:




jueves, 7 de diciembre de 2017

Jerusalén 23 - El Museo Rockefeller

El Museo Rockefeller, el gran Museo Arqueológico de la época en la que mandaban los británicos antes de la independencia, estaba cerca de la Puerta de Damasco y yendo allí tuve una insolación casi, aunque no quedaba lejos, pero es que fui sin gorra, que me tapaba la cabeza y sobre todo mis miedos a insolaciones. Yo creo que me acaloré porque tuve que pasar por una zona árabe y me asé por simpatía al ver a las pobres señoras con batamantas.

Por eso en realidad estuve poco a gusto allí. Era un Museo Arqueólogico a la antigua: vitrinas llenas de objetos y unos papeles a los lados. Muy difícil todo, sobre todo si llegas asado. Me da pena ahora no haberlo visto ni medio bien.

Esto son fotos de allí. Ya ni sé de qué eran y por qué las hice:






Este esqueleto de un hombre es de hace cien mil años. Es un homo sapiens arcaico y resulta que entre las manos tiene un trozo de yesca, que ha despistado a los arqueólogos, porque podía ser una herramienta o simplemente alguien se la había puesto después o había caído allí:






Un ternero de bronce en su templo, del XVII antes de Cristo, Estaba en principio recubierto de plata, como esos que en el libro de Isaías dice que tenían que destruir los israelitas.




Y doy un salto de tres mil años para poneros a unos Moisés y Aarón bien franceses, copias de capiteles de la iglesia de la Visitación de Nazaret, del siglo XII, cuyo original estaba en el Patriarcado Greco-Ortodoxo:






Por cierto que en el Patriarcado Greoc-Ortodoxo estuvimos varias veces, porque uno quería consultar un manuscrito: nos marearon de todas las maneras posibles y no conseguimos nada al final. Esto es otro ejemplo más de por qué he llegado a tener tanta manía a los griegos actuales: no hay nada que hacer con ellos; nunca sabes a qué carta quedarte con ellos.